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Los tres mosqueteros eran amigos

desde que empezaron a andar.

Todos ellos con ambiciones diferentes:

uno artista, otro científico, y el último, dependiente.

Un círculo que se transforma en un cuadrado,

Un día feliz que de repente se torna algo gris

Y, por mucho que frotes, la mancha continua ahí.

Una ciudad desconocida que pasa a ser tu casa,

Un baúl olvidado en medio del armario

en el que guardaba tus poesías,

nuestras poesías.

Barco en la playa

El viento era fuerte, la marea estaba alta.

Y aún así ella esperaba en el puente a que él regresara.

La cristalera observaba el volar de los días y consideraba que el cielo no era más que un reflejo de su alma. De esta forma, al pasar las nubes intentaba averiguar su grado de oscuridad, y dependiendo de ello, hacía que sus cristales cambiaran de tonalidad. Por eso, los paseantes de la ciudad consideraban al castillo un misterio.

Woman in a restaurant booth-George Segal (1961).


Preguntas tengo muchas. Respuestas, más bien pocas.

 
La reina de las acciones correctas
en los momentos menos indicados.
La reina del Carpe Diem
en los momentos en los que el futuro pende de un hilo.
La reina de las partidas de ajedrez ganadas
con un tablero de parchís.
La reina de "los últimos serán los primeros"
cuando lo más importante es correr más que el viento.

Me gusta pasear por la playa, por eso todos los días me acerco a observar el amanecer. En ese momento te sientes la persona más pequeña del mundo y la inmensidad del océano te aplasta, dejándote sin respiración.

Era una ciudad fría y oscura. Las sombras de las casas se reflejaban en la montaña, aquella que por las noches se tornaba completamente negra y en la que nadie con dos dedos de frente se atrevía a adentrarse...

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos