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Mientras el jazz sonaba,

sus miradas empezaron a cruzarse.

Rápidas y llenas de excusas.

Cargadas de secretos y de promesas oscuras.

 

Mientras el jazz sonaba,

la gente no paraba de entrar y salir.

El ruido inundaba la sala.

Las puertas revoloteaban.

Sus miradas crecían en frecuencia

y disminuían en vergüenza.

Y con cada sorbo de gin-tonic,

sus labios se empapaban de palabras susurradas.

Acrecentando su pasión, atrapada en la barra.

 

Mientras el jazz sonaba,

el pianista no tenía ni idea de lo que pasaba entre las gradas.

Ni del deseo que escondían los amantes,

cuyos pies se tocaban por debajo de la mesa,

esquivando a sus verdaderas parejas,

presurosos y ansiosos

por encontrar un rincón alejado de ojos curiosos.

 

Y ahí fue cuando resolví el rompecabezas.

Cuando capté su sonrisa.

Cuando capté tu mirada.

Cuando me di cuenta de que todo esto era solo una excusa barata.

Y mientras me levantaba para huir de aquel tugurio...

El trompetista no dejaba de tocar.

Y mientras mi corazón se rompía en pedazos...

El piano tocaba sin descanso.

Y cuando por fin vi el cielo,

mundos de hielo se abrieron ante mí.

Y, al dar el primer paso para alejarme de ti,

Sin poder evitarlo,

me empecé a reir.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos