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Tú ibas a ser diferente.

Mi luz en la oscuridad.

Mi cambio de dirección en una recta sin final,

y mi freno en un callejón que nunca tuvo salida.

Contigo todo iba a cambiar.

Yo iba a cambiar.

Ibas a ser mi fuente de sonrisas,

mis lunes al sol,

y esas cervezas de los martes

que siempre me perdí porque sumaban 13.

 

Los días pasarían en un abrir y cerrar de ojos.

Y por ti hubiera aprendido más de diez idiomas,

Sin instrucciones ni estructura.

Sin plan ni calendario.

Probablemente mal y a ratos.

Pero feliz, y siempre al mando.

Porque así eramos tú y yo.

O así podríamos haber sido...

 

Pero siempre me han dicho

que las apariencias engañan,

que las palabras no significan nada,

y que el viento puede cambiar de dirección

en menos de los que se dice «basta»

 

 

Te esperé.

Durante casi toda una semana.

Sentada en la butaca, día tras día,

ansiosa por una respuesta.

Una llamada.

Ina señal que me hiciera ver que sentías lo mismo.

Que tú también me esperabas.

 

Y yo... ¡tonta de mi!

Pensando que eras la elección acertada.

Sabiendo que en el fondo me querías...

Descuidé lo que ya tenía.

Mi pan de cada día.

 

 

Pensaba...

Que los días se volverían claros,

que aprendería a andar.

Pero a andar de verdad.

Con paso firme, espalda recta y mirada alta,

Muy alta.

Y volvería a escribir.

A vivir de nuevo.

A verle el sentido a tanto movimiento.

A darme cuenta de que solo tenía que esperar

el momento perfecto.

 

Y, por fin, sonó el teléfono.

Pero ya no eras el mismo.

Ya no buscabas a nadie.

 

Yo perdí la partida. Pero tú los dados.

Las ganas de probar algo nuevo.

De arriesgarlo todo.

De pagar por todo.

De cometer errores.

De falsas ilusiones...

 

Y de nuevo los días se volvieron grises.

Las horas largas y los ojos tristes.

Y la normalidad llegó,

casi tan rápido como se fue cuando nos conocimos.

Llevándose la ilusión de un sueño.

De ese oasis inalcanzable

que mostraba todo lo que pudo ser pero nunca fue,

como una imagen distorsionada.

Una foto sin revelar y ya olvidada.

 

Y aquí estoy. Y aquí estaré.

Pero esta vez ganaré.

Esta vez será la buena.

Y aun así... si cambiaras de opinión.

Si decidieras volver... la llave te espera.

Debajo del felpudo. Segunda escalera a la derecha.

E incluso sin ella... La puerta siempre estará abierta.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos