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Mi primera intención era escribir una novela.

Pero más tarde cambié de idea,

pues toda mi vida la he narrado en rimas,

que, aunque cantarinas,

forman laberintos de poesías

de los que nunca encuentro la salida.

 

Y es que yo siempre he querido ser lo contrario de lo que he sido.

Y, aunque no lo parezca, he sido siempre lo que he querido.

¿Me explico?

Y aunque ni la espera, 

ni probablemente este poema,

merezcan la pena para quien quiera que lo lea,

escribirlo me quita el peso de mil cadenas.

 

Porque yo ya no soy el que era,

Porque antes mis sueños movían montañas y cruzaban fronteras.

En cambio ahora van a la vereda,

cambiando con el viento y perdiéndose en la marea,

Me prometí que un día iría a buscarlos al fondo del mar.

Pero ese sueño también se perdió en el baúl de los recuerdos

de mi yo pasado.

 

Por donde iba. Ah, sí.

Que, aunque no lo parezca, yo ya no soy el que era.

Mi yo presente es prisionero de mis propias penas,

que se replican entre sí y se golpean

de forma tan asidua 

que ya siempre me duele la cabeza.

Mi yo del futuro vive con la esperanza

de que mi yo del presente despierte,

y aunque es paciente

se da cuenta de que el futuro nunca llega.

 

Y es que yo ya no soy el que era,

porque yo lo que quería era escribir una novela.

Y de nuevo, sin quererlo, me he convertido en poeta.

Por gusto, sí, pero con pena.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos