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Si te internas en las entrañas del bosque solo puedes respirar profundamente y esperar que tus ideas no se congelen en el proceso.

 Por eso tengo que encontrarlo.

Llevo dos días perdida en una montaña que no me muestra nada

 excepto una página en blanco tras otra.

 Cruzo esquinas, subo y bajo por los párrafos de rocas ásperas,

todos los días giro en las comas y salto los puntos,

pero lo único que encuentro son más y más hojas en blanco

marcadas solo por mis propias huellas, que el viento borra al rato.

Y no encuentro nada.

Chillo tu nombre y las letras vuelven a mi por detrás.

Se acumulan en mi nuca y no me dejan descansar.

Ayer encontré una cabaña en la que pude encender un fuego

que avivé con las páginas del índice de esta historia.

Estoy empezando a olvidar lo que nos trajo aquí.

Y si no te encuentro, dentro de nada lo habré olvidado.

 Hoy me he hecho un café con tus promesas

y el humo se las ha llevado antes de que tocaran mis labios,

 y al tomar el primer sorbo me he encontrado con un líquido frío e insípido.

 A lo mejor solo tenía un buen recuerdo del café y en verdad nunca me ha gustado.

 No sé. Creo que estoy atrapada en esta montaña.

Y estoy segura de que no le gusto pues siempre me devuelve a esta cabaña.

A lo mejor ya no estás. A lo mejor has decidido irte

y dejarme atrás.

Empezaré a marcar las páginas.

No por si decides volver,

sino para recordar el camino que no quiero volver a recorrer.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos