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A veces siento

que formo parte de un libro ya impreso

escondido en una librería remota.

 

Que los niños se me acercan,

en las raras ocasiones

en las que me encuentran,

para hojearme.

Pero que, tras leer una sola frase,

se alejan.

 

Los más pequeños

se dan la vuelta preocupados

«Mamá me dijo que sabía leer.»

Pero, ¿por qué no he entendido nada?

Los más mayores,

en cambio,

me toman por un mero defecto de imprenta.

¿Para qué lo habrán impreso

si no hay quién lo comprenda?

 

A veces siento

que todo lo que hago ya es pasado,

que estoy siguiendo un camino,

como Dorothy,

pero no de oro,

sino de pergamino.

 

A veces siento

que esto ya lo he vivido.

Y me frustro.

y me pregunto

«¿Por qué si ya está escrito

no hay quién lo comprenda?»

 

A veces necesito

que me muestren la siguiente letra

para poder formar palabras

que mi mente sí que entienda.

Y así encontrar un argumento

que los niños también comprendan.

 

A veces siento

que soy un libro en blanco,

escondido en cualquier librería,

durante años.

 

Y a veces siento

que nadie me encontrará,

y que, aunque lo hicieran,

no me elegirían.

Porque lo que narro

lo han contado ya

Y no hay quien lo entienda.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos