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Dame una palabra y te escribiré un cuento,

Dame una imagen y te pintaré un cuadro,

Dame una nota y de mi boca fluirá

 la melodía de tu banda sonora.

 

Dame movimiento y te filmaré un largometraje,

Y con una pizca de maquillaje

lograré cambiar tu historia.

Dame un grano de café y,

antes de que pestañees,

estarás en nuestro sofá

con una taza y un libro entre las manos.

Dame un motivo para odiar

Y de mi sombrero sacaré

tres palomas blancas:

una para escribir paz donde tú grabaste guerra,

otra para hacer crecer la hierba donde tú prendiste fuego,

y la última para hacer surgir la risa

en el lugar donde juraste que jamás regresaría.

Dame un tulipán y te plantaré un campo de colores,

Dame una gota de agua, y lo regaré para que nunca muera;

para que aguante durante varias décadas,

Hasta que me devuelvas lo que hoy te llevas.

Si quieres, dámelo todo,

pero nunca cambies.

Porque si te evaporas,

Los cuentos se quedarán sin protagonista,

Los cuadros sin artista.

Mi garganta no emitirá más sonidos

ni melodías…

Ni mi imaginación será capaz de crear películas,

ni mis ojos de poner maquillaje.

Ni podré hacer magia para ganar batallas.

Los campos arderán y, lo peor de todo,

es que nunca podré volver a ver tu sonrisa.

La misma que me ofreces cada día

y que hoy te llevas

tranquila,

cruel,

y sin prisa.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos